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¿Se necesita conocer el origen de una respuesta para poder cambiarla?




Quizá alguna ocasión en un asunto personal o quizá como terapeuta te habrá pasado que observas un rasgo de personalidad que te interesa transformar o que quisieras entender y que te encantaría saber de dónde viene.  A veces encontramos el origen, pero en otras ocasiones no podemos estar seguros del porqué de una actitud o de un rasgo en la personalidad.  Para algunas personas se vuelve todo un reto, a veces hasta una obsesión, el encontrar ese origen; inclusive para algunos terapeutas también, porque es una creencia muy difundida el que si no es posible encontrar el origen, no es posible transformar la actitud en el proceso de terapia. Lo que quiero compartirte hoy es una reflexión sobre el hecho de que las actitudes se forman de maneras muy inconscientes y en momentos que quizá no quedan guardados en nuestra memoria de manera clara, por lo que tenemos que manejar esa situación de otra manera.

Imagínate una ocasión, por poner un ejemplo, en la cual de muy chiquito o chiquita estabas en el supermercado con tu mamá y estabas viendo unos juguetes o algo en el aparador y volteaste buscando a tu mamá y ya no la viste porque ella se había dado la vueltecita de la esquina del pasillo y en ese instante sentiste una angustia enorme.  Quizá a partir de ahí se fue formando en ti un rasgo de personalidad que se fue reforzando con otras vivencias del estilo y que tiene que ver con "necesito más seguridad", "necesito sentirme en un ambiente familiar o conocido" o "necesito la garantía del cariño de los demás" y a lo mejor esos momentos nunca van a aparecer en terapia ni en tus recuerdos como causa de tus acciones o emociones.  Cómo ese ejemplo podría haber un montón relacionados con actitudes sobre cosas que te hacen enojar, sobre cosas que te alegran, sobre tu manera de funcionar en las relaciones, y muchos otros rasgos que quizá nunca vas a entender cómo se formaron y que son parte de tu personalidad.




Quiero subrayar que sin duda sí hay muchas actitudes de las que podemos entender cómo se formaron y muchas veces es un camino práctico para explorar buscando el origen para empezar a transformarlas, pero lo que quiero comentar aquí es que también hay muchas otras de las que es imposible ubicar su origen. Quizá vale la pena reflexionar si es tan importante insistir en encontrar un origen o es más útil aceptar que hay muchos aspectos de nuestra personalidad que se van formando en la cotidianidad sea por cambios en el temperamento, por cuestiones biológicas o por vivencias que generan emociones no de gran intensidad, pero que se han repetido de manera consistente aunque poco notoria, o bien porque se formaron en momentos en que eramos demasiado pequeños como para recordarlo.

Al final lo importante sería, por un lado, aceptar cómo nuestra manera de ser puede ser afectada por todo tipo de experiencia, por lo que vale la pena buscar favorecer los mejores ambientes para criar a nuestros niños; y por otro lado, que aquellos rasgos que nos interesa transformar en nosotros o en un consultante pueden modificarse aún y cuando no conozcamos la manera en que se formaron, es cosa de generar nuevas vivencias y aprendizajes de manera consistente.  Por eso es que en lugar de obsesionarnos con descubrir los orígenes de todo, haríamos mejor en buscar las técnicas que son útiles para este tipo de situaciones, ya que no todas las técnicas requieren de descubrir un origen, del cual, por cierto, nunca podemos estar 100% seguros.


Pásala bien y hasta la próxima.